martes, 12 de noviembre de 2013

Fé y Razón





San Agustín: Fe y Razón



Guillermo Gómez Santibáñez

Profesor de Filosofía



“Fidesquaerit, intellectusinvenit”
la fe busca, el entendimiento encuentra

El filósofo español Julián María, decía que no existe una Filosofía cristiana, sino más bien un filosofar en la fe. De igual manera, Rafael Gambra (2001), otro pensador español, afirma que el cristianismo no es una filosofía, sino una religión. Visto así, entonces, conviene identificar primeramente qué tipo de relación fue la que se generó entre el cristianismo y la filosofía y en la que San Agustín, obispo de Hipona, se convertiría en su más emblemático y genial exponente bajo la tradición filosófica cristiana en su apogeo de los primeros siglos.
El cristianismo debe la entrada de la filosofía en su sistema teológico a dos grandes figuras: Clemente de Alejandría y Orígenes, padres de la Iglesia de los siglos I y II. Ambos teólogos, se formaron en dos grandes escuelas teológicas; Alejandría y Antioquía. La primera cultivó un marcado interés por la investigación metafísica del contenido de la fe y la preferencia por la filosofía platónica y la segunda puso su énfasis en la filosofía de corte aristotélico.
Bajo esta influencia se puede desprender  que en la medida que el cristianismo se fue expandiendo tuvo la imperiosa necesidad de exponer, con mayor claridad y férrea defensa, sus verdades y su moral frente a sus adversarios. Esta actitud apologética de los padres de la Iglesia, que llegarían a hacer uso de categorías filosóficas para dar razón de su fe en la  formulación de los dogmas cristológicos principalmente, llegaría a su apogeo en la persona de un pensador africano de gran talante y de una mente brillante y creadora por excelencia como lo fue Aurelio Agustín.
Aún cuando hubo detractores, dentro del mismo cristianismo de los primeros siglos, que no conciliaban una relación entre Filosofía y Teología, por la misma naturaleza del objeto de su conocimiento (fe y razón); como un Tertuliano, que se opondrá enérgicamente a la filosofía; emergerá también un Justino, que mostrará su simpatía por ella y el mismo recibirá el seudónimo de “el filósofo”. Pero será sólo hasta la aparición de San Agustín que la Filosofía entrará por la puerta ancha y se le impondrá un sí positivo.
Dentro de lo que podríamos señalar como relación entre cristianismo y filosofía está el hecho que la llamada filosofía cristiana será el resultado de un intento de síntesis entre dos supuestos fundamentales de la tradición filosófica pagana; por un lado, la inteligibilidad natural del mundo y la razón como facultad principal del conocimiento y por otro, las verdades reveladas por la nueva religión.
No siendo el cristianismo una filosofía, por cuanto el conocimiento que aporta proviene del dato de la revelación y no de la razón, éste, con fines apologéticos, utilizó las categorías filosóficas griegas para dar razón de su fe y de su verdad moral. Los primeros cristianos, que hicieron uso de esta ciencia fueron llamados Padres de la Iglesia, por consiguiente a la filosofía cristiana se le llama Patrística.
Algunas de las características principales que tuvo la influencia del cristianismo en las circunstancias históricas particulares de la época fueron las siguientes:
a)      Creó un campo nuevo de conocimientos
b)      Su objeto es la revelación divina recibida por la fe
c)      El centro de la verdad está en Dios, destino supremo y trascendente y no en la razón.
d)     Tendió un puente entre la filosofía y la fe bajo el concepto del logos.
La filosofía patrística se alimentó de tres vertientes:
  1. El neoplatonismo. Se constituyó en un aliado natural del cristianismo pues adopta elementos aristotélicos, estoicos y pitagóricos y los entrecruza sutilmente con inquietudes religiosas orientales.
  2. El aristotelismo. Resultó más difícil el uso de sus categorías en el plano teológico por su carácter empirista y materialista.
  3. El estoicismo. El alma de esta corriente fue su ética, que glorifica al hombre, que frente a sus pasiones, entendida como impulsos desordenados nacidos de juicios erróneos sobre valores, permanece imperturbable ante los placeres y el dolor, poniendo la virtud por encima de ellas.
En su evolución histórica, podríamos mencionar tres periodos que se destacan de la filosofía patrística:
1.      Periodo de iniciación o formación. (siglos I al IV a.C)
  1. Periodo de transición. (siglos V al VIII a. C)
  2. Periodo escolástico, (siglos IX al XIV a. C); que a su vez se divide en:
a) Periodo de iniciación (siglos IX a XI)
b) Periodo de madurez (siglo XIII). Abelardo, San Bernardo
c) Siglo de Oro. (siglo XIII). Aristotelismo cristiano
d) Periodo de decadencia (siglo XIV).


La evolución espiritual de San Agustín
Aurelio Agustín (Tagaste,354-430 d.C), se destacará, más que ningún otro pensador, por su indiscutible lealtad interior. Entre su pensamiento y su vida hay una coincidencia que da cuenta de su profunda conversión interior y que vendrá luego a significar, tanto en su  reflexión teológica como filosófica, un giro copernicano en el pensamiento cristiano occidental.
Cartago, Roma y Milán, son tres ciudades que se constituirán en un horizonte referencial para Agustín, no solo en su periplo filosófico, sino que también en su problema existencial.
El itinerario que realizó Agustín por cada una de estas ciudades marcará profundamente su vida y pensamiento. Será en Cartago donde tendrá dos experiencias significativas. Bajo la influencia del obispo Ambrosio de Milán Agustín toma contacto con la filosofía con su lectura del Hortensio de Cicerón.
“En verdad semejante libro cambió mis afectos y modificó mis súplicas e hizo que mis votos y deseos fueran otros. De repente apareció a mis ojos viles toda esperanza vana, y con increíble ardor de mi corazón suspiraba por la inmortalidad de la sabiduría,..” (San Agustín)
En Cartago también Agustín abraza el maniqueísmo, corriente en la que pasará nueve años y cuyo núcleo doctrinal contiene un dualismo radical entre el principio del bien y del mal, no sólo en su dimensión moral, sino que también en su constitución metafísica.
“Los maniqueos afirmaron la existencia de dos principios distintos entre sí, opuestos, y al mismo tiempo eternos y coeternos y, siguiendo a otros herejes antiguos, imaginaron dos naturalezas y substancias, la del bien y la del mal. Según sus dogmas, afirman que estas dos substancias se hallan en lucha y mezcladas entre sí”(San Agustín)

En su partida hacia Roma, Agustín logra desprenderse de su relación con su madre Mónica, con quien le ataban fuertes lazos de afectividad y dependencia y emprende viaje sólo. Su estancia en Roma marcará dos hechos fundamentales, su contacto y relación con la filosofía de los académicos lo llevará a un rompimiento con el maniqueísmo, y por otro lado, desarrollará su teoría del libre arbitrio en contraposición al determinismo maniqueísta. En los filósofos académicos Agustín se sintió interpretado en su estado de ánimo.
“Tenía la idea de que los más talentosos de todos los filósofos fueran los académicos, en cuanto habían afirmado que es necesario dudar de toda cosa y habían sentenciado que para el hombre la verdad es totalmente incognoscible”(San Agustín)
Ya en Milán, Agustín tendrá un encuentro clarificador y decisivo con el neoplatonismo que determinará sus categorías filosóficas para construir su marco teórico frente a las dificultades para explicarse el status ontológico de bien y el problema maniqueo de la realidad substancial del mal. Agustín habría de encontraren Milán una nueva luz con qué iluminar al hombre y el universo.
La actitud filosófica de San Agustín
El pensamiento de Agustín va a recibir una fuerte influencia de Plotino, que al construir su sistema filosófico, bajo categorías neoplatónica, abrirá su mente a la contemplación de las verdades eternas que existen por sí en el mundo del espíritu.
Para San Agustín, encerrado en un esquema materialista y bajo una concepción maniquea; dualista y substancial del mal, su conversión radical y la acogida de la fe de Cristo, serán derroteros fundamentales, no sólo de su vida, sino también de su pensamiento. La fe, vivida y reflexionada desde la filosofía, será en adelante el horizonte abierto e inconmensurable hacia la búsqueda de la verdad. Para Agustín es fundamental explicar la relación entre el alma humana y Dios y será en esta dialéctica que la fe y la razón se harán aliadas y se constituirán en instrumentos complementarios para encontrar la verdad.
El sistema filosófico agustiniano busca establecer que la certeza primaria para el hombre está en su propia experiencia interior:
“Puede disputarse si las cosas en general y el alma en particular están hechas de fuego, de aire o de otro elemento; pero de lo que no duda ningún hombre es de que vive, obra, piensa, ama o desea” (San Agustín)
Agustín se atreve a platear una metafísica de la interioridad donde a solas consigo mismo el hombre descubra su yo más íntimo y desnudo. La novedad de esta premisa es el desplazamiento que hace Agustín desde el problema del mundo exterior, el cosmos, al problema del mundo interior, la conciencia del hombre. El verdadero misterio entonces no reside en el mundo, sino en las profundidades del alma humana.
¡Qué misterio tan profundo que es el hombre! Pero tú, Señor, conoces hasta el número de sus cabellos, que no disminuye sin que tú lo permitas. Y sin embargo, resulta más fácil contar sus cabellos que los afectos y los movimientos de su corazón”(San Agustín )
Agustín ha dado un salto cualitativo en su metafísica, con relación  al filósofo que lo inspira, Plotino; porque la antropología abstracta y despersonalizada de este último, contractará con la de Agustín, que en sus Confesiones, su obra maestra, ausculta su propia alma, y en sus tensiones y desgarramientos más profundos de su voluntad, enfrentada a la voluntad de Dios, es donde descubriendo su “yo”.
Este hallazgo intimista y contemplativo de Agustín se distanciará también del intelectualismo griego que en general había reducido la voluntad a un lugar muy insignificante. Es aquí donde radica el aporte novedoso del pensador cristiano, en su capacidad de poner en contradictoriedad su propio desgarramiento interior; su voluntad, que luego de un tormentoso peregrinaje existencial, abdica enteramente de su propia voluntad para rendirse a la voluntad de Dios.
“Fuimos creados para Ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”(San Agustín)
Para Agustín, el alma es una sustancia viva de naturaleza espiritual, creada por Dios, “creatio ex nihilo”, (creación de la nada), y habita en un cuerpo como en prisión anhelando siempre su bien.
Para la filosofía griega la voluntad no es una fuerza autónoma de la vida, sino un dato inmediato en función del intelecto. Este es el que determina la dirección hacia dónde dirigirse, y por tanto, la voluntad no constituye objeto de reflexión, en este sentido, el sentimiento religioso que embarga a Agustín formula un nuevo paradigma porque enfrenta la contradictoriedad del querer que finalmente se rinde a la voluntad divina descubriendo el “yo” como persona. Es verdad que el concepto de persona será muy posterior en el desarrollo del pensamiento filosófico y no propio de Agustín, sin embargo, estos serán antecedentes que servirán como punto de partida de diferentes sistemas filosóficos y teológicos, construidos en el periodo medieval y moderno.
La filosofía cristiana de Agustín se apoya en dos cimientos importantes: el alma y Dios. A Dios se le encuentra no en la contemplación del mundo, sino en las profundidades del alma, por cuanto ésta contiene las claves de Dios:
“Conocerse a sí mismo, como nos invita a llevar a cabo el consejo de Sócrates, consiste según Agustín en conocerse en tanto que imágenes de Dios. En este sentido, nuestro pensamiento es recuerdo de Dios, el conocimiento que se encuentra en El es inteligencia de Dios y el amor  que procede de uno y de otro es amor de Dios. En el hombre, por tanto, hay algo más profundo que el hombre mismo. Lo que de su pensamiento permanece oculto (abditummentis) no es más que el secreto inagotable de Dios mismo; al igual que la suya, nuestra vida interior más profunda no es otra cosa que el desplegarse dentro de sí misma del conocimiento que un pensamiento divino posee de sí, y del amor que se dirige hacia sí”(EtienneGilson)
San Agustín y el problema del conocimiento
En su teoría del conocimiento San Agustín desarrolla la teoría de la iluminación, término que no se debe confundir con un hecho de gracia o acto sobrenatural, sino más bien con el carácter a priori del espíritu, que al sugerir su relación vertical libra al hombre de creer su absoluta autonomía. Más allá todavía está el ser, el bien y Dios.
En su teoría, Agustín afirma que el alma humana conoce no sólo las cosas materiales, sino también su esencia. (las ideas universales de Platón). Sin embargo, contrario a Platón, para Agustín el alma humana no es preexistente, sino creación de la nada. Entonces, surge el problema de dónde y cómo llegan al alma los criterios de conocimiento que hacen posible juzgar las cosas, siendo estos criterios superiores a las cosas mismas.
“Mientras el principio valorativo, mencionado, que preside el juicio, es inmutable, la mente humana, en cambio, aunque le sea concebido elaborar tal principio, es susceptible de mudanza y error. Por tanto es preciso concluir que por encima de nuestra mente hay una Ley que se llama Verdad, y no hay duda de que existe una naturaleza inmutable, superior al alma humana…El alma, pues, aun sintiéndose superior a los objetos a los que aplica su propio juicio, no puede ignorar que no ha sido ella quien ha inventado y regulado el principio juzgado que le sirve para reconocer la forma y los movimientos de los cuerpo. Además debe inclinarse ante la superioridad del valor del cual extrae el criterio de sus propios juicios y del que ella en ningún caso puede constituirse en juez”.(San Agustín)
Para Agustín la verdad es la medida de todas las cosas y su noción de verdad se constituye en el eje fundamental de la relación alma-Dios. El mismo, busca la verdad en su interior y luego afirmará con certeza: Dios es la verdad.
Este proceso cognoscitivo que explica el sistema filosófico de Agustín, refleja de algún modo, su propia existencia, ya que en su vida se halla la razón de ser de sus exposiciones doctrinales. La personalidad de Agustín recibe el dinamismo de tres fuerzas que se constituyen en cimiento y fuente de su filosofía: la razón, la fe, y el amor. Las tres actúan de forma conjunta



Se puede esquematizar así:




Desplegando este círculo integrador podríamos explicar este proceso del siguiente modo:



    Búsqueda de la verdad                  FE           +          AMOR                               DIOS               
                                                                                                                                         

                                                          entiende                         cree para que                      FILOSOFÍA
                                                     para que creas                      entiendas


El problema del conocimiento para Agustín es poder justificar la verdad. El conocimiento es una visión que se hace posible por la acción iluminadora de Dios que opera sobre la inteligencia. La búsqueda de la verdad es obra de la razón, facultad natural del ser humano, que lo dispone para la fe formulando el objeto en que ha de creer y discerniendo, bajo los criterios del conocimiento, lo razonable para aceptarlo: “intellige ut credas” (entiende, para que creas). Luego, la fe, que es un dato de la revelación, don  supraracional y sobrenatural, ilumina el entendimiento para aceptar la verdad: “crede ut intelligas” (cree, para que entiendas), y muestra el camino para llegar a ella; el camino del amor. Agustín no está interesado en una explicación intelectual para demostrar a Dios, sino en gozar de Él para llenar el vacío de su alma (frui Deo).
Ser, Verdad y bien, son atributos esenciales de Dios y es aquí donde podemos identificar el aporte original del sistema filosófico de Agustín, en que las ideas o verdades eternas son ideas de Dios, son los arquetipos que hacen del mundo una creación de Dios.
Cuando el ser humano ha alcanzado la verdad, es porque ha pasado a la interioridad más profunda del alma y luego allí, al descubrir su yo más íntimo, se encuentra con el principio de toda verdad que es Dios, Verdad Suprema.


Bibliografía

§  Borón, A. (Comp.) (1999) La Filosofía política clásica. Buenos Aires: CLACSO
§  Gambra, R. (2001) Historia sencilla de la Filosofía. 25° ed.) Madrid: RIALP
§  Gilson, E. (1954) La metamorfosis de la ciudad de Dios. Buenos Aires: Troquel
§  Jarauta, F., Zaragoza, F., Sanzhez, J., Martínez, J., Cervera, J., Martínez, J., et al. (s.f.) Historia de la Filosofía (2° Edición) Guadalajara: Secretariado de publicaciones Universiad de Murcia.
§  Kenny, A. (2009) Breve Historia de la Filosofía occidental. (1° ed. 3°) Buenos Aires: Paidos.
§  Perea, F., (1986) Manuel de Filosofía. (1° ed.) México: Diana
§  San Agustín (1958) La ciudad de Dios Madrid: BAC
§  __________ (1958) Confesiones. Madrid: BAC

martes, 25 de junio de 2013

Logros y desafíos de la izquierda en Nicaragua






NICARAGUA: LOGROS Y DESAFÍOS DE LA IZQUIERDA
[1]Guillermo Gómez Santibáñez
CIELAC/UPOLI
Si pequeña es la patria, uno grande la sueña.
Mis ilusiones, y mis deseos, y mis
esperanzas, me dicen que no hay patria pequeña… 

                                                                          Rubén Darío
Nicaragua es un país con una rica cultura multiétnica y multilingüe, de aproximadamente 5.6 millones de habitantes, con una economía pequeña y muy dependiente, pero que sobresale en el istmo centroamericano por su tamaño y porque además se ubica casi en el centro del continente americano, cubriendo una superficie territorial de 129.494 kms².

La historia poscolonial de este pequeño país, que se hace grande por las insignes figuras de sus hijos que le representan, como el príncipe de las letras castellanas, el poeta Rubén Darío y el General de hombres libres Augusto C. Sandino, es dramática y convulsionada.

Comparte al igual que el resto de los países de América Latina un lastre de subdesarrollo y dominación imperialista, sin embargo, contiene también rasgos que marcan sus peculiaridades; que la distinguen en su evolución del resto de los países del continente. Entre sus peculiaridades está el hecho que Nicaragua, a lo largo de su historia republicana y en posición estratégica de su geopolítica, ha luchado y resistido contra posiciones entreguistas y de subordinación de los sectores dominantes, debiendo  enfrentarse militarmente a frecuentes intervenciones armadas norteamericanas desde mediados del siglo XIX y hasta entrada la década del 30 del siglo XX.

La lucha emancipadora de Nicaragua la encabezó el movimiento de Sandino contra la intervención norteamericana entre 1927 y 1933 y en la década del 50 es retomada por el Frente Sandinista de Liberación Nacional, (FSLN) vanguardia indiscutible que se enfrentará a la dictadura más cruel y sangrienta de América Latina, la dictadura militar somocista.

La lucha heroica del pueblo nicaragüense, a lo largo de su historia, no ha sido más que buscar el establecimiento de un régimen democrático, construir mecanismo que garanticen procesos sociales equitativos, la conquista de la paz y la autodeterminación de la nación.

El 19 de julio de 1979, luego de 45 años de un sistema autoritario de control y de opresión, Nicaragua, con el triunfo de la Revolución Popular Sandinista, nunca volvería a ser el mismo país y se convertiría en un punto de referencia para el resto del mundo. El surgimiento del FSLN, como una fuerza política de transformación social, es el producto genuino de la historia popular de Nicaragua.

En palabras del mismo Carlos Fonseca, (1981) fundador del partido FSLN:

El Frente no nació de una asamblea o de un congreso, ni lanzó una proclama anunciando su creación. Ni tampoco presentó un programa. En el Frente primero fue la acción y en base a sus primeras experiencias se fue formulando y reformulando, su programa, su estrategia y su táctica.

El Frente Sandinista surgió abriéndose paso en medio de las tiniebla impuesta por la clase explotadora. Inspirándose en el dolor y la miseria padecidos por los actores populares, quiere rescatar las más nobles tradiciones de la colectividad nicaragüense, no limitándose a evocarlas con palabras, sino a revivirlas en la acción, aunque ello signifique atravesar las más duras pruebas

En la visión de Carlos estaba:

El Frente Sandinista, a la cabeza de las masas populares de Nicaragua, se sacrifica, no por alcanzar una mezquina migaja para el pueblo, sino por lograr una radical transformación social y nacional.

El Frente sandinista resultó de la integración del movimiento revolucionario y de la bandera libertaria de Augusto C. Sandino. Formaron sus filas, jóvenes de secundaria, universitarios, campesinos y obreros, quienes dieron su heroica lucha contra un Estado oligárquico. Esta lucha, que constituyó un sangriento conflicto armado contra Anastasio Somoza Debayle y su guardia nacional, tuvo como telón de fondo la debilidad de clase de las fuerzas políticas burguesas de oposición y el carácter bipartidista de la dictadura que finalmente se vio forzada a hacer alianza con el movimiento revolucionario para colapsar el sistema y provocar el derrumbe de una dictadura que se había ido contra la misma sociedad. (Torres, 2011)

La década de los setentas marca una ruta distinta en la acumulación de problemas sociales en Centroamérica; Nicaragua forma parte de los procesos insurreccionales que lucha contra regímenes dictatoriales de origen militar. La burguesía no busca el consenso nacional; más bien opta por un camino más violento: el de las dictaduras militares, esto con el fin de mantener las formalidades legales en defensa de una supuesta democracia.

Al nivel político, que es el escenario donde se desarrolla la crisis, tiene como despliegue la insurrección de las clases populares, que por la vía armada, extremadamente violenta, buscan reivindicarse como sujeto político en la historia.
Desde la teoría de la transición se explica la constitución de un fenómeno nuevo; las dictaduras militares crean las condiciones y los escenarios para el surgimiento de procesos democráticos tutelados. El enfoque principal se centra en relevar los factores institucionales y considerar las democracias occidentales del mundo desarrollado como su horizonte normativo. Desde una perspectiva liberal democrática, sustentada por una libertad individual y por una igualdad político-jurídica se simplificó la democracia y se le confirió validez bajo un concepto unidimensional y elitista de sello schumpeteriano, alimentado por la idea de poliarquía de Dahl. Se resignificó entonces la democracia como “democracia electoral” cuyos actores polítcos relevantes lo constituyeron las élites, los gobiernos y los partidos; se tarta de la democracia minimalista. (Gómez, 2011)

En el año 1990 el Gobierno revolucionario liderado por el Comandante Ortega y el FSLN, convoca a elecciones libres y democráticas en Nicaragua; luego de los acuerdos de paz para Centroamérica conocidos como Esquipulas II.  El Frente Sandinista había obtenido una victoria militar, en una guerra de baja intensidad con la “Contra”[2] revolución, pero obtuvo una derrota política al perder las elecciones ante la Unión Nacional Opositora (UNO) que ascendía a su candidata, la señora Violeta Barrios de Chamorro, a la presidencia de Nicaragua. La paz en Nicaragua no se consiguió bajo una victoria militar por parte del Ejército sandinista, ni tampoco por la amenaza de la Resistencia Nacional, sino por la imperiosa necesidad de replantearse la estrategia de la guerra, dado que la paz era condición de gobernabilidad y el escenario político y económico de Centroamérica, como punto geopolítico y su correlación de fuerzas estaba cambiando. El gesto del Comandante Ortega, de convocar a elecciones fue un paso sustantivo para estabilizar el país y entrar en un camino de paz que iría abriendo surcos, en un proceso paulatino hasta el presente.

Luego de 16 años del Partido Liberal Constitucionalista en el Gobierno, en diciembre del año 2006 el FSLN retorna al Poder, bajo el lema: “El pueblo presidente”, inaugurando un plan de Gobierno y una estrategia que marcaría una segunda etapa de la Revolución. El objetivo era poder completar su agenda social inconclusa por la guerra de los años 80 y por la pérdida de las elecciones en 1990.

La Revolución Popular Sandinista tuvo como objetivo un cambio en el modelo económico y social del país, apuntando hacia una democracia verdadera, popular y real, con un sistema de economía mixta que permitiera alcanzar la justicia social y la verdadera libertad del pueblo nicaragüense.

La inauguración de la administración Ortega en este nuevo periodo (2006-2016) tiene un giro social con doble intención: por un lado está aliviar la pobreza a través de sus programas emblemáticos: Hambre Cero, Usura cero y Desempleo Cero y por otro lado, está la intención de restablecer el protagonismo del “Estado de Bienestar” focalizado en el acceso y gratuidad de la salud y de la educación.

La historia de la izquierda en Nicaragua no es más que la historia del propio Frente Sandinista que abraza el legado libertario de Sandino, todo en función de la restitución de los derechos fundamentales de los sectores más desposeídos y excluidos de la sociedad.

El FSLN no ha perdido su visión, ni su ideario revolucionario heredado por Sandino. Ahí radica el sentido de su identidad y el soporte de su ideología; pero ha tenido que situarse en un nuevo contexto social, político y económico. En un escenario mundial unipolar, fragmentario, globalizado y neoliberal; identificando nuevos actores sociales y políticos, nuevos problemas y nuevos enemigos. Ha debido de implementar ciertas reingenierías hacia su estructura partidaria de base, buscando recuperar y recomponer su  base social y rearticular su poder político ante las nuevas demandas del pueblo. El FSLN se ha reinventado en su base juvenil, sus nuevos cuadros suman por miles y miles a los jóvenes; en su gran mayoría, hijos, nietos, parientes y primos de combatientes históricos, que han reconocido el relevo generacional y se han dado a la tarea de dar lo mejor de sí para transmitir su experiencia revolucionaria, pero sobre todo, su mística combativa.

El Comandante Daniel Ortega, candidato del FSLN, bajo la alianza Unida Nicaragua Triunfa fue reelegido en diciembre del 2012 como Presidente de Nicaragua, con un 62.6 %, obteniendo también mayoría en la Asamblea Nacional con 62 diputados propietarios. Parafraseando las primeras palabras de Ortega ante la nación, luego del triunfo electoral: “Este triunfo no nos debe poner arrogantes y creer que podemos hacer lo que se nos ocurra, sino que ante todo, debemos ser humildes y buscar el consenso para sacar adelante a Nicaragua”.

Ante un mundo del ciudadano que se fragmenta y pierde los espacios de solidaridad e igualdad; los desafíos imperiosos de la izquierda en Nicaragua, representada en un partido popular y de amplias mayorías como es el FSLN, tiene tres componentes vitales, tanto para su articulación social y política, como para construir el camino hacia una sociedad más justa y tolerante: el desarrollo económico, la participación ciudadana y la solidaridad social.


Bibliografía

1.    Torres, Rivas Edelberto (2011) Revoluciones sin cambios revolucionarios. F y G Editores, Guatemala
2.    Martí y Puig, Close David (eds.) (2009). Nicaragua y el FSLN ¿Qué queda de la revolución? Ediciones bellestera, Barcelona
3.    Sader, Emir (2009) El nuevo topo. Siglo XXI editories CLACSO Coediciones, México
4.    Gómez, Santibáñez Guillermo (2011) Cultura de paz y reforma democrática de la institucionalidad de Nicaragua. Fundación Friedrich Ebert, CIELAC/UPOLI.
5.    Mallo, Reynal Susana (2006). La izquierda en el cono sur- Análisis comparado: Brasil, Argentina y Uruguay- Revista universidades. Número 31 páginas 55 – 89.




[1] El Autor es teólogo, profesor de Sociología Jurídica, filosofía y Cultura de Paz en la Universidad Politécnica de Nicaragua. Es Director del Centro Interuniversitario de Estudios Latinoamericanos y Caribeños CIELAC/UPOLI
[2] Es el nombre dado a los diferentes grupos insurgentes opuesto al gobierno del Frente Sandinista armados y entrenados por los Estados Unidos en la década del 80